Breve semblanza del escribidor

Poco a poco, me voy dando cuenta que, dentro de mí hay una correlación directa entre la bebida, la comida y el impulso nato de escribir, sin embargo, esta correlación filial y cosmogonica no la puedo establecer con cualquier comida o bebida sino solamente, con los recuerdos de ciertos olores y sabores de las maravillosas comidas que, mi abuela, mi madre y mi tía, cocinaban para nosotros cuando éramos chicos.

Recuerdo cómo nos servíamos la cazuela bien caliente y el salpicón bien frío, bien pero bien picante el ají de gallina y los pasteles de papa chupándonos hasta los dedos al frente del “pilón” de mi casa amarilla, sentados en la patillas de piedras y adobe aun bien conservadas pese al paso del tiempo, nos poníamos a escuchar las anécdotas familiares nos contaban nuestra abuela que como en una maquina del tiempo nos permitía volver a desandar los caminos andados por nuestros mayores.

Las comidas de mi abuela eran preparadas con una gran concentración de especias y vegetales, pero el ingrediente más importante, sin lugar a dudas, fue el amor que profesó por todos nosotros, pero lo cual no inhibe el hecho de que sus comidas eran como ella misma, picantes y deliciosas.

Será por eso que la mayoría de mis garabatos tienen una clara inclinación humorística, y no podría ser de otra manera, porque como todo buen locoto, es picante, un poco atrevido, pero delicioso. Escribo también estas cuantas huevadas para demostrarme a mí mismo y a todo el mundo que, no soy tan “cojudo” como me imagino, pero catalogarme como “pendejo” o bien bolas-tristes es tarea intelectual de otras almas.

NOTA.- Como verán, en principio, mis artículos no llevan tildes, acentos u otros signos de puntuación gramaticales, porque como todo buen “cojudo” nunca compré un teclado en español y solo utilicé el teclado en inglés. Pero mucho más que mi “cojudez”, es mi flojera, porque fácilmente podría generar esos mentados signos si tecleo unas tres o cuatro veces para producir cada carácter.

En fin, la “cojudez” y la “boludez” siempre tienen disculpas y excusas. Si usted amable lector no es tan “cojudo” como parece, entonces podrá navegar esta bitácora sin mayor dificultad. Naturalmente, si está interesado en leer mis garabatos, elucubraciones mentales, mejor dicho eyaculaciones verborreantes o temas que quepan en cualquier categoría.

También Ud. podrá comentar los artículos o “cojudeces” que se le ocurran… .No tengo la menor intención de censurar lo que escriba porque me imagino que hacerlo sería una “cojudez” enorme y no “concuasaría” con la temática de estos garabatos.

De esta manera, no sea tan “cojudo” y comente más abajo. En la parte derecha están los enlaces o, como dicen los gringos, lo “links”. Un poco más abajo, se encuentra el calendario mediante el cual Ud. podrá leer artículos/garabatos en orden retroactivo. Gracias .

EL COJUDO Y LA SOCIEDAD

Luis Felipe Ángel (SOFOCLETO)

Dado que el mundo está lleno de pendejos, no podríamos definir a la Sociedad como “un conglomerado de insignes cojudos” y, en consecuencia, para determinar la ubicación exacta del cojudo en nuestro medio social tendríamos que comenzar formulando una Tipología del Cojudo en sus dos manifestaciones esenciales: a) El aspirante a Cojudo, y b) El Cojudo propiamente dicho.

El aspirante a cojudo no es, como podría suponerse, un menor de edad ni nada parecido. Es simplemente un sujeto al que la vida no le dio todavía la oportunidad de hacer una Gran Cojudez que le sirva como tesis doctoral o de resbalar en un cojudeo sensacional que lo prestigie en el medio ambiente como un cojudo legítimo.

El Cojudo propiamente dicho es otra cosa. Nació para ser cojudo y cumple su destino a la perfección, sin quemar etapas, sin saltarse a la torera ninguno de los requisitos que exige la ortodoxia y la liturgia de la Cojudez Ancestral.

Al cojudo de profesión le ponen cuernos, lo estafan, lo asaltan, le embarazan a la hija y le devuelven a la hermana. Tiene tías solteronas y va al circo solo, porque se encandila con el payaso, el trapecio y los leones. Es siempre el último de la cola, el que pierde la lotería por un número y camina como pato porque sufre escaldadura crónica.

Como todo cojudo auténtico, es devoto de un santo rarísimo, y llora con las películas mexicanas porque siempre se identifica con el que lleva la peor parte, así se trate de Sara García.

El cojudo propiamente dicho, llega a su clímax sobre los treinta años y alcanza la apoteosis a los cincuentinueve.

De los sesenta para arriba es lo que se llama “un viejo cojudo”, lo cual significa que no le falta sino cometer la Gran Cojudez Final que cierre con broche de oro su carrera, antes que algún pendejo de la familia consiga meterlo en el manicomio bajo los cargos de Arteriosclerosis Generalizada y Problemas de Conducta que es como los siquiatras llaman a los cojudos, para disimular…